Larry Vásquez es ejemplo de lucha y resiliencia: ‘No he sido un gran jugador, pero sí un gran luchador’

En entrevista concedida a la revista EL FUTBOLISTA, Larry Vásquez comparte la historia de una carrera marcada por la resiliencia y el esfuerzo. Desde sus inicios en las canchas de su pueblo, El Zulia, en Norte de Santander hasta convertirse en referente del fútbol profesional Colombiano. El hoy capitán del Internacional de Bogotá recuerda los rechazos, los sacrificios y los milagros que lo llevaron a cumplir su sueño profesional. “No he sido un gran jugador, pero sí un gran luchador”, afirma, en un relato que refleja la esencia de quienes, con disciplina y trabajo, dignifican la profesión del futbolista.

EL FUTBOLISTA

La edición No. 34 llega con las voces de los futbolistas, hombres y mujeres, y con un completo paquete de contenidos sobre la labor de ACOLFUTPRO, junto a artículos de gran interés para los futbolistas y para el público en general.

La historia de Larry Vásquez en el fútbol arrancó en las canchas de tierra de El Zulia, su pueblo natal en Norte de Santander. Creció viendo a su padre jugar cada fin de semana, alimentando un amor por la pelota que compartía con su hermano Omar. Aunque hoy es un referente, en sus inicios era un niño tímido cuyo talento parecía opacado por la habilidad de su hermano mayor.

Antes de los desafíos en la capital, Larry forjó su carácter en la Escuela Quinta Oriental de Cúcuta, dirigida por Elkin Uribe. De este emblemático semillero surgieron figuras como los hermanos Rubén Darío y Darío Alberto Bustos, Néstor Cuadros y, recientemente, Simón Rojas.

Larry Vásquez (izquierda) junto a su hermano Ómar (centro)

A los 11 años se mudó a Bogotá, al barrio El Libertador. Mientras Omar ascendía en Millonarios, Larry se alejó del fútbol competitivo para dedicarse al estudio. A los 16 años intentó retomar el camino, pero tras ser rechazado en Millonarios en 2007 y 2009, la decepción lo llevó a retirarse.

Ante el cierre de puertas, trabajó en una fábrica de calzado en el Restrepo, cumpliendo jornadas de 12 horas y estudiando contabilidad en el SENA. Sin embargo, la chispa no se apagó. Agobiado por una rutina que no sentía suya, le pidió a su madre una última oportunidad. Con el apoyo familiar, quemó su «último cartucho» en Expreso Rojo, entrenando en canchas de barrio con una felicidad renovada.

Su ascenso fue meteórico tras ser descubierto por el profesor Arturo Reyes, su «ángel» deportivo. Reyes lo llevó a Compensar, donde debutó profesionalmente en 2011. Luego se consolidó en Patriotas, lo que le abrió las puertas de Tigres de México. Aunque jugar en uno de los clubes más poderosos del continente fue un reto, esa experiencia le brindó la madurez necesaria para su regreso al país.

El capítulo más emotivo llegó con Millonarios. Vestir la azul era una deuda emocional; ganar el título de 2023 y cobrar el penal decisivo fue un éxtasis que cerró un círculo de 11 años.

Hoy, Larry lidera como capitán al Internacional de Bogotá, aportando su experiencia a un proyecto joven y ambicioso. Al mirar atrás, define su carrera como un «milagro». De aquel joven tímido hoy queda un profesional elocuente, con Licencia Pro de técnico, que demuestra que el trabajo no traiciona y que la resiliencia es el talento más importante para triunfar.

¿Cómo fue lo de las pruebas que no pasó en Millonarios?
Mi hermano entró a las divisiones menores de Millonarios a los 14 años, pero yo me había apartado del fútbol diario. En 2007, cuando yo tenía 16 años y vi que él ya estaba debutando profesionalmente, quise intentarlo también. Fui a las pruebas en enero, pero no pasé. Me enfrenté a jugadores muy buenos Pedrito Franco, y simplemente no quedé. Me decepcioné un poco, terminé el colegio y volví a presentarme en 2009, pero la verdad no estaba preparado ni física ni técnicamente. A esas pruebas va gente de todo el país y es enfrentarse a grandes talentos; al no quedar por segunda vez, ya con 17 años, decidí que esto no era para mí y no quise saber nada más del fútbol.

¿Decidió dejar el fútbol a un lado?
Sí, me puse a trabajar en una empresa de calzado en el Restrepo y a estudiar los fines de semana en el SENA para ser auxiliar contable. Fue un año muy difícil y de trabajo arduo; yo era apenas un pelado y me tocaba duro porque la jornada era de siete de la mañana a siete de la noche, además de estudiar los sábados.

¿Y cómo fue que volvió a jugar?
Un día llegué a mi casa y le dije a mi mamá que esa no era la vida que yo quería, que no me hallaba y me sentía abrumado. Le pedí intentarlo una vez más en el fútbol y ella me apoyó. También conté con el respaldo de mi papá y de mi hermano Omar, que ya era importante en Millonarios. Decidí retirarme del trabajo y del SENA para dedicarme completamente a quemar mi último cartucho.

Su familia, su más grande apoyo.

¿Dónde pudo quemar ese último cartucho?
Logré que me aceptaran en Expreso Rojo. Entrenábamos a las seis de la mañana en una cancha de barrio en La Esperanza, un barrial sin mallas, pero yo iba feliz en el bus porque estaba haciendo lo que quería. En 2010 jugué el torneo Sub-19; armamos un buen grupo con gente que tenía muchos deseos de conseguir objetivos y logramos quedar cuartos en un grupo donde estaban todos los equipos profesionales. Ahí surge algo muy bonito: el profesor Arturo Reyes, que estaba en Compensar, me vio jugar y me invitó a reforzar su equipo para las finales. Me llevó a Compensar y en 2011 me firmaron mi primer contrato profesional por tres años. El sueldo era el mínimo de esa época, unos 700.000 pesos, pero yo no pensé en el dinero, sino en que estaba cumpliendo mi sueño. El profe Reyes me dijo que yo había llegado con el «vaso vacío», pero que le puse tanto empeño que adquirí toda la información necesaria para potenciar mis cualidades.

¿Y cómo fue el debut?
Debuté el 28 de abril de 2011 con el técnico Bernardo Redín en un partido de Copa Colombia contra Bogotá F.C., el cual ganamos 2-1. Ya para el 2012 empecé a jugar periódicamente, domingo tras domingo, y ahí empezó mi carrera en firme. Jugué en Compensar seis meses hasta que el equipo se trasladó a Villavicencio para convertirse en Llaneros, y de ahí en adelante pasé por varios equipos.

Larry jugó con su hermano Ómar en el Patriotas F.C.

Patriotas fue el siguiente, donde se consolida como titular…
Patriotas fue mi primer equipo en la A. Yo jugué en Compensar seis meses y, cuando venden el equipo a Villavicencio, me toca viajar allá otros seis meses. Entonces aparece otra vez este «ángel», Arturo Reyes; me llama para decirme que va a tomar las riendas de Patriotas y que me quiere llevar con él. En Patriotas duré cuatro años y siete meses. Ahí fue donde pude crecer como jugador, jugar bastante y potenciar muchas cosas. Tunja es una linda ciudad y estoy muy agradecido con el doctor César Guzmán, quien me dio la oportunidad y la importancia que yo necesitaba para sobresalir.

¿Qué ha significado el fútbol para usted?
Yo lo catalogo como un milagro. Un milagro, porque si yo pudiera mostrarles una película de lo que era antes, no por falta de fe sino por realidad, nadie hubiera creído que hubiera podido llegar a ser futbolista. Mis condiciones no eran las mejores, ni físicamente, ni en la parte del talento. Luego de cumplir mi sueño de ser futbolista profesional empecé a conseguir cosas, objetivos, triunfos, campeonatos, pero mi primer objetivo siempre fue llegar al fútbol profesional. A medida que han pasado los años, he puesto objetivos en mi vida.

¿Qué ha sido lo mejor que le ha dado el fútbol?
El fútbol me ha dado muchas cosas lindas, pero hay algo especial que yo no tenía. Como le cuento, yo era un muchacho demasiado tímido. Me costaba mucho el poder hablar, el poder expresarme. A mí me daba pena ir a la tienda y hablar con el tendero para pedirle lo del mercado. Entonces yo siempre fui muy cerrado y eso me impedía relacionarme con las personas y a mí el fútbol, a la fuerza, me hizo cambiar esa personalidad. Ustedes ahora me ven más hablador y me puedo expresar bien. El fútbol, además de otras muchísimas cosas, me dio la posibilidad de tomarme confianza, expresarme mejor y también de compartir todo esos sentimientos y esas cosas que yo he aprendido a través de la experiencia. Eso ha sido lo lindo del fútbol.

Luego de su debut con Academia Compensar, en 2011, Larry llegó a Patriotas de Boyacá, donde comenzó a ganar experiencia y a mostrar su liderazgo.

Y en contraste ¿qué ha sido lo más difícil en esta carrera?
Hay ciertas cosas que no llamaría feas, sino «lo no tan bueno» del fútbol. Lo primero es estar lejos de la familia; yo a los 19 años tuve que apartarme de mi mamá, mi papá y mi hermano para vivir solo. Luego viene el perderse momentos especiales con tu esposa y tus hijos; ese es un punto que no es tan bueno en esta profesión. Y luego están las derrotas, que lo bajonean a uno mucho. Perder partidos importantes te hace dudar, y el que diga que no, es porque no lo siente. Ahí está el reto: cómo uno enfrenta la duda para salir victorioso. Con el tiempo uno aprende que la familia no merece que uno lleve ese mal humor a casa; ellos se merecen que, al pasar la puerta, uno sea el esposo y el papá, no el jugador de fútbol.

¿Cómo fue la experiencia en México, donde salió campeón?
Fue otro milagro. En 2017, estando en Patriotas, el doctor César Guzmán me dijo que había una opción en México, pero yo estaba incrédulo. A los quince días, estando concentrados para un partido, me llamó a la noche y me dijo: «Te van a comprar de Tigres, pero tenemos que viajar mañana a las 12 de la noche; ya está el vuelo comprado». Esa noche no pude dormir. Mi hermano Omar y yo concentrábamos juntos y solo se lo conté a él; ni mi mamá ni mi novia de ese entonces sabían. Fue todo rapidísimo: una tarde estaba jugando en Tunja y a las tres de la mañana del día siguiente ya estaba en Monterrey firmando papeles y haciendo exámenes médicos. Fue una experiencia increíble.

Larry reconoce que no pudo jugar mucho con Tigres de México, pero que aprovechó para ganar experiencia.

Llegó a una liga de un nivel muy alto…
Sí. Me costó mucho la adaptación deportiva porque el nivel de los futbolistas en Tigres era mucho mayor al que estaba acostumbrado en Patriotas. Yo nunca pude pelearle un puesto a esos jugadores de tanta trayectoria y talento, lo reconozco; lo único que pude hacer fue tratar de aprender y mejorar. Fue muy difícil porque en ese año solo jugué seis o siete partidos, pero lo vi como un salto para aprender. Esa experiencia me sirvió para que, al volver a Colombia, ya no cometiera los mismos errores y empezara a mejorar en muchísimos otros aspectos.

¿Considera el paso por Millonarios como el más importante o especial que ha tenido en su carrera?
Sin duda, por lo que representa Millonarios para nuestra familia. Mi hermano Omar empezó allí a los 14 años y vimos muchísimos de sus partidos, desde divisiones menores hasta el profesionalismo. Por más que vengamos de Cúcuta y tengamos cariño por el equipo de allá, lo de Millonarios fue lo que nos dio la oportunidad de que nuestra calidad de vida mejorara. Venimos de una familia muy humilde y trabajadora, y cuando Omar empezó a jugar, adquirimos gracias a él comodidades que antes no teníamos.

Nosotros vivimos el título de 2012 en El Campín como hinchas en la tribuna; lo lloramos y lo sufrimos. Ver a mi hermano quedando campeón de Copa, de Liga y de los torneos juveniles mientras yo estaba en la grada magnifica lo que el club significa para nosotros. En ese entonces, viéndolo a él, seguramente se me pasó por la mente decir: «yo también quiero vivir eso».

Vivirlo yo mismo 11 años después, estando ya no en la tribuna sino en el campo y con mi familia viéndome a mí, fue un éxtasis total. No fue solo elevar el triunfo por la copa, sino por lo que representaba para nuestros sueños. Lograrlo de esa forma, con el penal en la final, es algo muy especial que quedará en el recuerdo para siempre.

¿Cómo ha sido esta experiencia en el Internacional de Bogotá, en el que es capitán? Cuéntenos cómo han vivido los futbolistas ese proceso de cambio…
Yo tuve un paso por Brasil y me hubiera gustado quedarme por lo que se vive allá, pero cuando me contactaron para este nuevo proyecto de Internacional, me llamó mucho la atención el cambio administrativo, la proyección mediática y la parte deportiva. Me estaban dando la prioridad de venir a liderar un grupo, no solo por ser de los mayores, sino a través de mi experiencia y de todo lo que he trasegado. Me he encontrado con un grupo muy lindo, desde la parte directiva y administrativa, que están haciendo todo lo posible por entregarle al jugador las herramientas para que funcione. Se han esforzado por adecuar la sede, el gimnasio, que haya desayuno y almuerzo, los suplementos y toda la parte de fisioterapia y medicina. Están colocando todo al servicio del jugador y eso es muy importante, porque hace que uno tenga que preocuparse nada más por lo deportivo y por rendir.

Además, encontré un material humano que es una combinación bien bonita entre juventud con muchos sueños y gente que ya trasegaba en el fútbol. Se está volviendo una mixtura para que haya un balance y el proceso avance de forma sostenible. Me siento muy halagado de estar aquí; yo no solo los ayudo con mi experiencia, sino que me nutro del hambre de los jóvenes. Ellos se entrenan al máximo y eso me lleva a no bajar los brazos, a estar a la par de ellos y a prepararme físicamente en todo momento.

¿Cómo ha visto desde estos ya 15 años la evolución del futbolista como trabajador en cuanto a garantías y pagos?
Siento que llegué en una etapa de transformación. Cuando yo empezaba, escuchaba a compañeros que terminaban sus carreras hablar de una parte administrativa y económica muy complicada, que no estaba regulada por nadie. Cuando surgió la ley que regulaba lo del cumplimiento del pago de los salarios (Ley 1145 del 2011) el fútbol mejoró y el jugador se profesionalizó más. Por fortuna me tocó estar en equipos con muy buenos administradores donde esa parte fue bien retribuida, pero seguramente todo ha cambiado para bien. Los clubes ahora están priorizando el bienestar del jugador para que se sienta cómodo y rinda a su máximo potencial. La exportación de jugadores también ha ayudado; los ojos están puestos en Colombia porque hay mucha calidad y nuevo talento. Estamos entrando en otra etapa del fútbol colombiano.

Larry llegó a liderar el proyecto deportivo del Internacional de Bogotá, como capitán de un plantel joven que dio la sorpresa con su fútbol y sus buenos resultados en el inicio de la Liga 2026-I

¿Qué condiciones mínimas debe tener un futbolista para poder cumplir con su labor?
Los clubes deben proveer al futbolista de herramientas: lugares de entrenamiento y acceso a fisioterapia y medicina. Una de las mayores ventajas de los futbolistas de élite es tener a la mano la recuperación profesional. También es vital la parte económica; si un trabajador no percibe su salario, no puede sostener a su familia y su cabeza no va a estar tranquila para cumplir con su labor. Los equipos deben volverse clubes, con espacios adecuados para que el jugador sienta que va a su segunda casa y, por ende, la cuide y la ame. Muchos equipos en Colombia han entendido esto, mejorando sedes, canchas e implementos. Resalto el esfuerzo que está haciendo el Internacional de Bogotá para proveernos de todas esas herramientas.

¿Qué cambiaría o mejoraría urgentemente en nuestro fútbol?
El fútbol brasilero está más avanzado, en parte porque es un país más grande, pero también por cómo exportan jugadores; eso genera ingresos que se plasman en la estructura de los equipos. Necesitamos mejorar el tema estructural de los lugares de entrenamiento. Debemos ver el fútbol como un negocio de inversión y no solo como un hobby; de eso se trata, de crear jugadores para exportarlos. Yo amo mucho el fútbol colombiano y, a pesar de las dificultades, hemos crecido. Necesitamos que ese cambio sea más acelerado, pero vamos por buen camino. Esta ha sido la década en la que más jugadores hemos exportado y eso significa que están mirando para acá. Si la inversión de los dueños de equipos aumenta, el crecimiento será mayor.

¿Cómo ha visto el trabajo de ACOLFUPRO en la protección al futbolista?
Lo defino en dos palabras: lucha constante. Es una lucha por reivindicar los derechos de los jugadores, por alzar la voz y crear una comunidad para negociar de buena forma lo que como trabajadores merecemos. No se trata solo de exigir, sino de dignificar la profesión y de que se respeten nuestros derechos laborales. ACOLFUTPRO es una mano amiga en temas legales; yo mismo he recibido su asesoría. También resalto el apoyo que le dan a los compañeros que no tienen equipo, creando escenarios para que se mantengan en ritmo y dándoles ayudas económicas para sustentarse. Hemos sentido su apoyo incondicional y esperamos seguir teniendo este espacio para expresarnos acompañados por la asociación.

A los 35 años, ¿cómo se prepara para la vida después del fútbol?
He pensado mucho en eso y ya estoy trabajando para cuando llegue el momento. Me vengo preparando en dos aspectos: el de la dirección técnica, donde ya tengo mi Licencia PRO de la Universidad San Buenaventura, y el administrativo, pues voy en quinto semestre de Gestión Deportiva en la UNAD. Ambos procesos han sido apoyados de forma incondicional por ACOLFUTPRO. Me estoy preparando para tener herramientas y crear opciones, ya sea por el lado técnico o el gerencial. Siempre me comunico con Gustavo Quijano, que está muy pendiente de nosotros, y le agradezco por eso. Mi vinculación al fútbol seguirá fija; no me veo haciendo otra cosa, este va a ser mi rubro. Jugaré hasta cuando me contraten y me sienta útil, pero por ahora sigo trabajando la parte física para mantenerme vigente.

¿Se le está exigiendo de más al futbolista con los calendarios actuales?
Totalmente. El jugador está siendo exigido al alto rendimiento más que en cualquier otro tiempo por la dinámica del fútbol y el marketing. Se mueve mucho producto, publicidad y ahora las casas de apuestas; eso hace que los calendarios sean más apretados y que casi no haya descanso. Esto debe llegar a una concertación. Si bien amamos este deporte, debe haber una negociación para que no solo se beneficien los temas publicitarios. Se debe mirar más el lado del futbolista, que haya garantías físicas, de escenarios y de viajes para que el espectáculo sea mejor.

Sobre el espinoso tema del amaño de partidos que vienen afectando el fútbol, ¿qué les diría a sus colegas? Siento que quienes caen en eso son movidos por la parte económica. No quiero juzgar a nadie porque es difícil estar en los zapatos de los demás, pero desde mi punto de vista, es no respetar la profesión ni ser leales. Solo el 1% de los que empiezan logran llegar al profesionalismo; llegar y prestarse para eso deja mucho que desear. El futbolista tiene que dignificar su profesión. No somos solo un producto de marketing o publicidad; somos los dueños de nuestro deporte y debemos ser leales a él.

¿Qué mensaje le daría a los futbolistas en Colombia, especialmente a los que están empezando su carrera profesional o a los que sueñan con ser profesionales?

Basado en mi experiencia, la clave es el trabajo y la disciplina. El trabajo no traiciona. Tal vez yo no era el mejor por capacidades talentosas, pero he tenido resiliencia para aceptar cuando hago las cosas mal y mejorar. No me considero el mejor jugador, sino un gran luchador, y eso es lo que necesitan los más jóvenes. Esta es una carrera gratificante que te devuelve todo lo que le des. No es suficiente con ser bueno, se necesita algo más, y eso solo se consigue en el día a día, disfrutando el proceso y echándole una moneda a la alcancía para cuando los momentos sean duros. Luchen por sus sueños y no crean cuando les digan que no pueden; esta vida es muy corta para hacer lo que a uno no le gusta.

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