Susana Álvarez: “El fútbol y la vida no son un sprint, son una carrera de fondo”

Entre nervios, aprendizajes y cicatrices, Susana afirma que el juego, como la vida, se gana con aguante y equipo. Hoy lidera al Independiente Medellín Femenino y sueña con una liga digna y un título.

Desde muy temprana edad, Susana Álvarez descubrió que el fútbol sería más que un juego: sería su propósito de vida. “Comencé jugando con niños en el barrio porque veía mucho a mi papá jugar fútbol y él me llevaba a todas las canchas”, recuerda con franqueza. Ese contacto temprano con la pelota y con la pasión de su padre fue el inicio de una historia marcada por la resiliencia y la convicción.

EL FUTBOLISTA

La edición No. 33 llega vestida de gala con un especial dedicado a los Premios ACOLFUTPRO. Además, trae consigo una amplia selección de contenidos de interés, pensados tanto para los futbolistas profesionales como para el público en general.

No todo fue fácil. En sus primeros pasos enfrentó rechazo y comentarios despectivos que la hicieron alejarse por un tiempo del deporte. Pero la chispa volvió cuando, viendo un partido de la Pony Fútbol, le comentó a su mamá: “Qué niñas tan regulares, yo puedo jugar mejor que eso sin haber entrenado”. Ese impulso la llevó a retomar el camino, con el apoyo de su madre, quien le regaló sus primeros guayos y la acompañó en cada paso.

Su formación se consolidó en Atlético Nacional, donde estuvo nueve años bajo la guía del profesor Diego Bedoya. Allí aprendió a confiar en sus cualidades y debutó como profesional, enfrentando nervios, errores y aprendizajes que le dieron carácter. Más tarde pasó por Medellín Formas Íntimas, Llaneros y finalmente Independiente Medellín, donde hoy sigue vigente como volante de primera línea y líder dentro del equipo.

La historia de Susana es también la historia de muchas futbolistas colombianas que han tenido que abrirse camino en medio de prejuicios, falta de visibilidad y condiciones laborales desiguales. Ella lo resume en una frase que repite como mantra: “El fútbol y la vida no son un sprint, son una carrera de fondo. Gana el que más aguante”. Con esa convicción, Susana defiende la unión gremial, valora el respaldo de ACOLFUTPRO y sueña con alcanzar un título en la liga profesional femenina.

Cuéntanos un poquito de tus inicios, ¿qué fue lo que te impulsó para jugar fútbol desde niña?

Yo comencé jugando con niños en el barrio porque veía mucho a mi papá jugar fútbol y él me llevaba a todas las canchas. Donde él jugara, iba yo a verlo y me fui enamorando de este lindo deporte. Comencé con hombres, después pasé a un equipo femenino, aunque había dejado de jugar dos años por el rechazo hacia la mujer futbolista. Volví en Juventud de Antioquia; luego pasé a Atlético Nacional, donde duré 9 años con el profe Diego Bedoya. Estuve en Medellín Formas Íntimas, en Llaneros buscando minutos, y regresé a Independiente Medellín, donde estoy hasta la fecha.

¿Qué obstáculos enfrentaste en tus inicios y cómo los transformaste en motivación?

A mí me decían palabras despectivas como “machorra” y eso te afecta. Abandoné el fútbol un momento. Pero viendo un partido de la Pony Fútbol le dije a mi mamá: “mami, qué niñas tan regulares, yo puedo jugar mejor que eso sin haber entrenado”. Ahí decidí volver; mi mamá me consiguió dónde jugar y se me olvidaron esas palabras despectivas al ver a las niñas en televisión.

Entonces el apoyo de tu mamá fue vital…

Exactamente. Mi mamá me regaló mis primeros guayos, unos Maracaná. Los estrené en la calle; me tropecé con los tacos en el asfalto, empujé a un amiguito llamado Rubén y le abrí la cabeza. Hasta ahí me llegaron los guayos. Esa es la anécdota de mis primeros guayos.

¿Cómo fue tu formación hacia el profesionalismo?

Mi huella como profesional me la dejó el entrenador Diego Bedoya en Atlético Nacional. Duré 9 años allá. Él confió en mis cualidades y me formó. Debuté en Nacional e hice todas mis divisiones menores. Yo estaba en JuveAntioquia (luego Las Violetas); me vio jugar, me escribió para que me presentara y empecé a ir. Con 15 años me iba sola en metro a las canchas de Bello. Jugaba por pasión y él me enseñó hasta lograr el objetivo: debutar. Fue un esfuerzo mutuo, con mucha sinergia.

¿En esa primera liga que disputaste estuviste cerca de ganar el título con Nacional?

Exactamente. Jugamos contra Huila, perdimos la final a penales, estuvimos a esto. A Antioquia se le ha escapado el título; se los han llevado equipos de Cali y Santa Fe, que se están volviendo potencia. Nosotras en Antioquia nos estamos quedando un poquito atrás, pero esperamos que la próxima liga sea la revancha.

¿Qué recuerdas de tu debut profesional?

Ver a las jugadoras que admiraba y tenerlas cerquita: Lorena Bedoya, Carolina Arbeláez, Carolina Arias, extranjeras como Mariana Pión y Karen Hipólito. Uno pensaba que caía en paracaídas, pero había que chupar rueda. Fue duro pasar de ser referente en divisiones menores a esperar mi momento en profesional. Mi debut fue en Itagüí; en la primera jugada me sacaron amarilla. El debut no se olvida: estás súper nerviosa, pero al entrar a la cancha te pasan por la cabeza los momentos de sufrimiento y felicidad.

¿Cuáles son tus principales características como volante?

Soy volante de marca, de primera línea. También he jugado como volante mixta o central, pero mi posición natural es volante de marca. Mis mayores características son la lectura del juego y el primer pase. Soy un ayudante más del profe dentro del campo. No me preocupa no tener el balón en mis pies; me ocupo de darle soluciones al equipo desde otros roles.

¿Te consideras líder dentro de tu equipo?

Eso es vocación. El grupo te pone y el grupo te quita. Desde pequeña fui líder. Más allá del brazalete, un líder se nota dentro y fuera de la cancha. Tengo una frase: estar sin invadir. Me gusta estar y dejar ser a mis compañeras; cuando toca actuar o corregir, estar firme con ellas.

¿Qué aspectos crees que necesitan atención para mejorar las condiciones laborales en el fútbol femenino?

Indudablemente la visualización. Si no hay transmisión, no hay inversión. Muchas jugamos seis meses y los otros seis buscamos trabajo en otras cosas. Se agradecen las pausas largas porque son más tiempo de contrato, y Medellín y algunos clubes nos hacen contratos largos y buscan torneos, pero la visualización es lo que más le hace falta al fútbol femenino.

¿Qué significa para ti contar con ACOLFUTPRO?

Es un aliciente de tranquilidad enorme. Cada visita trae un parte de realidad, siempre honestos, al frente con nosotras. ACOLFUTPRO nos defiende, busca caminos para llevar la liga hacia lo que nosotras soñamos. Está al pie del cañón por la mejora en pro de la liga y de las futbolistas. Nunca he escuchado a una jugadora que no se sienta tranquila con la presencia de la agremiación. Cualquier incertidumbre, cualquier problema, ACOLFUTPRO siempre está para nosotras. Es una gratitud enorme tener a la agremiación al frente.

¿Cómo percibes justamente la unión entre las futbolistas para buscar el fortalecimiento de la liga?

A ver, más allá de la unión, yo creo que al pasar de los años hemos venido siendo un poquito más valientes. Para nadie es una sorpresa que para nosotros fue un shock tener a alguien que nos respaldara; nunca fue sencillo. No era fácil decir “ven, es que pasa esto o aquello”, porque sentíamos que en algún momento nos podían vetar o tener un inconveniente. Entonces, más allá de la unión, yo creo que con los años hemos soltado el miedo; nos hemos vuelto un poquito más valientes y cada vez estamos reclamando más nuestros derechos. Vamos por muy buen camino y cada año nos estamos uniendo más para lograr el objetivo que queremos: una liga deseada.

¿Qué enseñanzas personales te ha dejado el fútbol?

Yo creo en la resiliencia. Tengo una frase que me repito cuando las cosas no van bien —y también cuando van bien—: el fútbol y la vida no son un sprint, son una carrera de fondo; gana el que más aguante. Cuando algo no sale, me recuerdo que no me estoy preparando para un partido, sino para una carrera deportiva y para mi vida. Estoy creciendo como persona y las cosas no pueden ser inmediatas: hay que aguantar y vivir el proceso. En resumen, todo lo llevo a la resiliencia y a esa frase: el fútbol y la vida no son un sprint, son una carrera de fondo; gana el que más aguante. La aplico en mi vida y en el fútbol.

¿Qué ha sido lo mejor que te ha dejado el fútbol hasta ahora?

Lo mejor que me ha dejado es vivir mi sueño. Más allá de amistades, tengo la oportunidad y la bendición de vivir de lo que amo. No tiene que ver con dinero, sino con sentirse realizado con el propósito de vida. De niña escribí “quiero ser futbolista profesional” y hoy puedo decir: lo logré y me he mantenido muchos años. Eso es lo que más aprecio: vivo de mi profesión, me lo imaginé y lo hice realidad.

¿Cuál ha sido el obstáculo más duro que has tenido que enfrentar en tu carrera?

Yo diría que lo más difícil ha sido la frustración cuando las cosas no salen bien —en el fútbol hay más errores que aciertos y hay que convivir con eso— y, obviamente, las lesiones, que en los últimos años me han aporreado. Vives con la incertidumbre de no saber cuándo puede volver a pasar; trabajas, estás ahí, y es algo que ningún futbolista quiere, porque tu cuerpo es tu forma de trabajo, tu maquinaria. Lo llevo a dos escenarios: la frustración deportiva cuando no salen las cosas y la frustración de una lesión que te obliga a empezar de cero. Eso ha sido lo más complicado en mi carrera. En lo personal, siento que llevo una carrera muy linda y limpia; me he mantenido tranquila en los equipos donde he estado y siempre he sido ejemplo, que es lo más importante para mí.

¿Has estudiado algo en alguna carrera alterna al fútbol o estás estudiando?

Yo soy asistente en gestión administrativa, me gradué en el SENA, ya hace varios años honestamente.

¿Y has ejercido eso o solamente te has dedicado al fútbol?

No he ejercido porque siempre he pensado que el día que me retire tendré muchos años para eso. La vida deportiva es un abrir y cerrar de ojos; le meto toda mi ficha y mi corazón a vivir mi sueño.

¿Pero quieres o te proyectas para seguir unida o vinculada al fútbol?

Sí. Siempre he querido ser nutricionista deportiva. Últimamente me he dado cuenta que tengo potencial para dirigir; entiendo muy bien el fútbol. Son esas dos cosas, pero mi sueño siempre ha sido ser nutricionista.

¿Trabajaste en procesos de formación en escuelas o algo así?

Trabajé en procesos de formación con niños de 4, 6, 9 y 10 años, y no te imaginas todo lo que aprendí. Es un mundo muy diferente: pasas del profesionalismo a ver a un niño que simplemente quiere divertirse, que también se frustra, le duele y llora. De ellos aprendes lo que nunca habías aprendido: paciencia y amor por esto. Lo que más te enseñan es que no importa el resultado, ellos solo van a disfrutar. Y cuando uno es profesional, se le olvida que eso —disfrutar— es lo más importante.

¿Qué te queda o qué anhelas conseguir en el fútbol en lo que te queda de carrera, cuál es tu sueño?

Mi sueño es quedar campeona de la liga profesional femenina. Me he sentido cerca; siempre hemos estado liderando entre los primeros y nos quedamos, no sé si por cabeza u otros factores. Quiero una carrera deportiva larga, disfrutar lo que más pueda y seguir siendo ejemplo. Como tal, ese es mi sueño: un título en los años que tenga de carrera es el sueño anhelado.

¿Has tenido algún proceso con la Selección Colombia? ¿Sueñas con llegar allí?

No, señor, no he tenido ningún proceso. Lo que ha hecho el profesor Paniagua con las selecciones es espectacular. Vamos por buen camino; nos veo próximas a potencia mundial. Estamos atrás de Brasil por un poco de cabeza, pero en fútbol ya igualamos en muchas cosas. El sueño siempre está: qué jugador no sueña con la mayor. Si se da, genial; si no, respeto a mis compañeras, están en el top del fútbol femenino en Suramérica. Ves nombres por todo el mundo y te emocionas. Falta un título, pero hemos estado más cerca de lo que se imagina. Hay cambio generacional, ya hay nuevos nombres; vamos por buen camino. Las que ya pasaron dejaron la vara demasiado alta.

Y ahora, ¿cómo ves el cambio respecto a cuando empezaste, en cuanto a procesos de formación y cómo la sociedad percibe el fútbol femenino?

Ha cambiado mucho. Cuando empecé había una categoría mayores; con 13 años jugaba con mujeres de 20 o 30. Ahora hay sub‑12, sub‑15, sub‑17, sub‑20, sub‑23. Antes éramos 20 niños y una niña; hoy hay clubes de niñas completamente. Ahora sí hay procesos y formación. Antes decían “esta niña no está formada”, pero no había oportunidad de formarse. Hoy pueden hacer muchos microciclos. Eso les da ventaja para apuntar más fácil al profesionalismo.

Finalmente, ¿qué le dirías a tus compañeras, a tus colegas, no solo a tus compañeras de equipo sino a las futbolistas profesionales en Colombia y también a las que sueñan con llegar a este punto?

Yo creo que tenemos que seguir siendo valientes; por el camino en el que vamos, ese es el camino. La huella que nos dejaron las que ya no están es muy importante y debemos seguirla. La única forma de que esto cambie es mantenernos unidas, trabajando y haciendo respetar la pelota. Somos unas tesas; sabemos que no siempre vivimos de esto, pero queremos dejar a la siguiente generación mejor, y estoy convencida de que la anterior a la mía ya nos dejó mejor. Falta camino, pero unidas y con el respeto que nos tenemos dentro y fuera del campo vamos a lograr grandes cosas. A las niñas que están en ese proceso: que no se rindan, y que el día que estén donde estamos nosotras, dejemos el fútbol femenino de Colombia en alto.