El arquero de Santa Fe, elegido por sus colegas como el mejor arquero del 2025 en el 11 Ideal ACOLFUTPRO, repasó su carrera, desde las limitaciones que se viven en la Primera B hasta la estabilidad en los clubes grandes, y destacó la evolución laboral junto al papel de ACOLFUTPRO en la defensa de los futbolistas.
Andrés Mosquera Marmolejo, arquero de Independiente Santa Fe, carga en sus guantes 17 años de historia desde aquel debut en Bogotá F.C. en 2008. Su relato no es solo estadístico: es la voz de un niño del Urabá antioqueño que salió de Nueva Colonia, corregimiento de Turbo, una tierra bananera donde el trabajo duro marca la vida cotidiana. Desde allí emprendió un camino que lo obligó a dejar atrás su familia y a vivir solo en Bogotá, forjando carácter y disciplina en medio de la soledad de una ciudad desconocida. “Ha tenido para mí ese sueño cumplido de niño, ese deseo de algún momento convertirse en jugador de fútbol y ya cuando se te abre el espacio y se te abre la oportunidad, lo vives de esa manera, de ese sueño cumplido”, recuerda.
Sus primeros pasos fueron en Alianza Platanera, el equipo que lo conectó con Bogotá F.C. “Ahí tuve la oportunidad de empezar mi formación, llamarlo así, de la categoría hasta tener el ascenso al equipo profesional donde tuve mis primeros partidos”. Su debut como profesional llegó el 9 de marzo de 2008, con apenas 17 años, cuando defendió el arco de Bogotá F.C. en un partido como visitante contra Córdoba F.C., ganado por su equipo con gol de Diego Chica. La oportunidad apareció por la lesión del portero titular Enrique Guevara, y el técnico Jorge “Chamo” Serna le confió la responsabilidad. Ese primer semestre del torneo de ascenso jugó cinco partidos: no perdió ninguno, ganó dos y empató tres, mostrando desde el inicio la solidez que marcaría su carrera.
Ese inicio, marcado por sacrificios y viajes interminables, fue el cimiento de una trayectoria que lo llevó por América de Cali, Cortuluá, Fortaleza, Bucaramanga, Deportivo Pasto, Independiente Medellín y finalmente Santa Fe. Allí, después de tantos años de esfuerzo, alcanzó uno de los frutos más dulces de su carrera: ser protagonista en la consecución de la décima estrella, un título que devolvió la ilusión a la hinchada cardenal y que para él significó la recompensa a todo lo sembrado en su camino.
A lo largo de su carrera ha vivido tanto la precariedad de los equipos de la B como la estabilidad de los clubes grandes. “En esa época para ciertos equipos de viaje en avión era imposible, ahora creo que ya todos los equipos viajan en avión. En ese tiempo te podías meter 24 o 25 horas de carretera para ir a enfrentar un partido. Las condiciones eran totalmente diferentes. Ahora creo que hay más comodidad, hay mejores garantías”.

Mosquera reconoce la evolución en las condiciones laborales y el papel de la agremiación: “Con el tema de la agremiación se mantiene muy pendiente de las condiciones laborales de nosotros los futbolistas. Se ha ganado mucho terreno a lo que era antes”.
Hoy, con 34 años, habla desde la experiencia y la humildad, como quien sabe que la grandeza no está en proclamarse, sino en sostenerse: “Soy una persona que me centro mucho en mantener un equilibrio, ni creerme que soy el mejor, ni tampoco creerme que soy el más malo. Siempre trato de mantener esa humildad”.
ACOLFUTPRO: ¿Cómo ha vivido usted esta trayectoria que ya ha sido larga, desde 2007 cuando debuta en Bogotá hasta hoy? ¿Qué ha significado para usted ser futbolista profesional en Colombia y cómo lo ha vivido?
MOSQUERA: Ha sido para mí ese sueño cumplido de niño, ese deseo de algún momento convertirse en jugador de fútbol. Ya cuando se te abre el espacio y se te abre la oportunidad, lo vives de esa manera, como un sueño cumplido. Haber tenido la oportunidad en Bogotá F.C. creo que fue el inicio de mi carrera. Ha sido una trayectoria bastante larga, pero la vivo día a día como si fuera el primero.
Háblenos un poco de sus inicios allá en el Urabá Antioqueño antes de llegar a Bogotá.
Soy de un pueblo llamado Nueva Colonia, del corregimiento de Turbo. Mis inicios fueron en un equipo que se llama Alianza Platanera, que tenía un convenio con Bogotá Fútbol Club. Antes ya habían llegado otros jugadores, y al siguiente año tuve la oportunidad de llegar. Ahí empecé mi formación, hasta tener el ascenso al equipo profesional donde tuve mis primeros partidos.
¿Siempre fue arquero?
Sí, siempre me gustó tapar desde niño.
Después empieza a darse a conocer y a llamar la atención de varios equipos. ¿Cómo fue esa evolución en su carrera, ese crecimiento desde su debut hasta hoy?
Después de madurar el espacio en Bogotá, tuve la oportunidad de empezar procesos con selecciones Colombia. Estuve en la sub-17 con el profe Lara, en el Mundial de Corea. Luego hice microciclos en la sub-20, estuve en dos sub-20, una de la categoría 89 y una de la 91, y estuve también en la selección para el Mundial Sub-20 de 2011 en Colombia. Después pasé por América, Cortuluá, Fortaleza, Bucaramanga, Pasto, Medellín y ahora Santa Fe.
En ese recorrido vivió la precariedad en equipos de la B, pero también la estabilidad en equipos grandes. ¿Qué reflexión hace sobre las condiciones de los futbolistas en Colombia?
En el proceso que me tocó en equipos de la B era totalmente diferente. En esa época viajar en avión era imposible, podías meterte 24 o 25 horas de carretera para ir a jugar y regresar. Las condiciones eran muy distintas. Ahora hay más comodidad, mejores garantías. Con todo este tema de estar más pendientes de las condiciones laborales, es totalmente diferente a lo que me tocó en esa época.
¿Cómo ha visto la situación del futbolista como trabajador? ¿Ha vivido incumplimientos en pagos o prestaciones?
La evolución ha sido notoria. En mi caso, doy gracias a Dios porque nunca tuve inconvenientes con salarios, seguridad social o prestaciones. Siempre estuve en equipos responsables y puntuales. Incluso en Pasto nunca tuve un mes de atraso. Puedo decir que fui afortunado. Ahora, con la agremiación, se está muy pendiente de las condiciones laborales, de atrasos o de cómo se elabora un contrato. Se ha ganado mucho terreno respecto a antes.
¿Cómo califica el trabajo de ACOLFUTPRO?
Nosotros quisiéramos que la relación entre ACOLFUTPRO y los clubes fuera diferente, que no hubiera tantas trabas ni oposición. Lo que ellos buscan es un beneficio, no solo para nosotros, sino algo que a futuro es normal en otras ligas. A veces uno no entiende por qué acá en Colombia algunos clubes apartan tanto lo que hace ACOLFUTPRO, que es velar por los intereses y estar pendientes de las situaciones laborales.

¿Y cómo califica usted el trabajo de la agremiación?
Ha sido un trabajo bueno, un acompañamiento serio. Se ha visto crecimiento en lo laboral, emocional, educativo y social. Ahora con la sede que tienen también hay un crecimiento muy bueno. Vemos cómo mejoran las condiciones y cómo jugadores tienen la oportunidad de estudiar y formarse en otras áreas.
¿Qué cambios cree que deberían hacerse en el fútbol colombiano para mejorar las condiciones de los futbolistas?
Hay muchas cosas. Por ejemplo lo del calendario, que a veces se dice que será de una manera y se termina haciendo de otra diferente a lo que se planifica. También algunos escenarios deportivos no están en las condiciones que uno quisiera. Como dice uno: la pelota corre de cualquier manera y de cualquier manera hay que ir a jugar, pero uno quisiera que los estadios brindaran mejores condiciones para dar un mejor espectáculo: no solo el estado de la cancha, sino los camerinos porque hay muchos en malas condiciones, estadios donde solo funcionan dos duchas. Todo eso debería mejorar para darle un toque de calidad al fútbol profesional.
¿Cuál ha sido el mejor momento de su carrera?
Cuando logras los objetivos: un ascenso o un título. Eso te motiva a seguir adelante, porque para eso te contratan. A nivel personal, cuando uno crece en lo deportivo y económico, eso te lleva a avanzar más.
¿Con cuál momento se queda?
Es difícil escoger, pero hoy puedo decir que un gran momento fue este último año con Santa Fe, cuando conseguimos la décima estrella. Fue algo maravilloso. También tuve grandes momentos en Medellín, donde estuve seis años. Para mí y mi familia fue algo muy bueno.
¿Qué metas tiene todavía en el fútbol?
Siempre tengo la ilusión de volver a la Selección Colombia. Es algo que todo jugador sueña: un mundial, eliminatorias, partidos internacionales. También jugar en otra liga en el extranjero. Por ahora no he pensado hasta cuándo jugaré; siempre digo que uno está hasta donde es querido y buscado.
¿Cuál ha sido el momento más duro de su carrera?
No he tenido uno en especial. No he tenido pensamientos de dejar el fútbol ni frustraciones. Siempre me he disfrutado cada etapa. Claro, han habido lesiones y momentos de no poder competir, pero eso me ha llevado a esforzarme más y reinventarme.
¿Qué legado quisiera dejar como futbolista?
Siempre he tratado de dejar una huella, ayudar a los más jóvenes a crecer y no repetir errores. Soy una persona creyente, enfocada en lo espiritual, y siempre me aferro a Dios. Trato de mantener una línea de seriedad, liderazgo y compromiso, de aportar para que todos podamos crecer.
¿Se considera el mejor arquero del fútbol colombiano?
Trato de mantener un equilibrio: ni creerme el mejor ni el más malo. Los halagos se los dejo al hincha y a la prensa. Hoy la gente me lo hace saber, pero trato de no dejarme llevar por los comentarios, porque así como te suben, también te pueden derrumbar.
¿Qué se necesita para ser un verdadero profesional en el fútbol?
Disciplina, carácter y creer en uno mismo.
Finalmente, ¿qué mensaje quiere enviar a sus colegas, especialmente a los jóvenes?
El mensaje es valorar cada oportunidad y cada espacio. Ojalá todos pudieran ser profesionales no solo en el fútbol, sino en otras áreas de la vida. Ahora tenemos la oportunidad de estudiar, y no está de más dedicarle tiempo al estudio, porque esta carrera es muy corta. Los jóvenes deben aprender de los espejos del pasado, saber qué cosas son buenas y beneficiosas, y cuáles nos alejan de lo que queremos conseguir.









