Duarte: “Aquí se ve el fútbol como un negocio, pero no quieren meterle dinero”

Con honestidad y mirada crítica, Edison Duarte expone los vacíos estructurales del fútbol colombiano y llama a asumirlo con profesionalismo real, no solo como un negocio sin inversión.

Desde su debut profesional en el Cúcuta Deportivo en 2011, Edison Mauricio Duarte Barajas ha construido una trayectoria marcada por esfuerzo y aprendizaje, convirtiéndose en un referente del fútbol colombiano. Su historia, llena de desafíos y evolución, lo ha llevado a defender los colores de varios equipos y a vivir de cerca las dificultades de la segunda división. En esta entrevista para El Futbolista, Duarte comparte sus reflexiones sobre la profesión, la competitividad del fútbol en Colombia y las áreas clave que aún requieren mejoras.

Desde sus primeros pasos en el fútbol bajo la influencia de su padre hasta su consolidación en la posición de lateral, Duarte ha sabido adaptarse a los retos que conlleva representar a un equipo histórico como el Cúcuta Deportivo. Sin embargo, su experiencia va más allá del fútbol colombiano. Su paso por Argentina con Defensa y Justicia y Central Córdoba le permitió conocer el nivel de profesionalismo de una de las ligas más competitivas del continente. Desde la infraestructura hasta la planificación táctica, Duarte compara ambos sistemas y señala las diferencias que impiden el desarrollo óptimo del fútbol en Colombia.

Ilustración de las páginas que abren la entrevista con Mauricio Duarte en la revista EL FUTBOLISTA (No. 31).

Uno de los momentos más significativos en su paso por Argentina, lo vivió cuando Defensa y Justicia conquistó la Copa Sudamericana bajo la dirección de Hernán Crespo. Aunque las lesiones limitaron su participación en el torneo, vivió de cerca el proceso y celebró la consagración junto a sus compañeros, formando parte de un logro histórico para el club argentino.

Pero su visión no se limita solo a las condiciones deportivas. A lo largo de su carrera, ha enfrentado situaciones complejas con directivos, ha sabido manejar el incumplimiento de pagos y ha entendido el rol clave de organizaciones como ACOLFUTPRO en la lucha por la estabilidad laboral de los futbolistas. Para él, el trabajo de la agremiación ha sido fundamental en la profesionalización del fútbol colombiano, asegurando que los jugadores cuenten con derechos, seguridad y apoyo en los momentos más difíciles.

Con 32 años, Duarte también piensa en el futuro. Sabe que su etapa como jugador no durará para siempre y por eso evalúa opciones para seguir vinculado al fútbol una vez deje las canchas. Ya sea en roles administrativos o deportivos, su objetivo es aportar a la evolución del fútbol colombiano, un deporte que, según él, necesita mayor inversión en divisiones menores, una mejor infraestructura y la implementación de una tercera división para garantizar mayor competitividad.

Mauricio Duarte no solo repasa los momentos más importantes de su carrera, sino que también plantea una mirada crítica y constructiva sobre el estado del fútbol en Colombia. Desde la presión de jugar en la Primera B hasta el respaldo de los aficionados, Duarte revela la pasión y el compromiso que lo han llevado a convertirse en una voz respetada dentro del deporte.

El sueño cucuteño que nació en la cantera
Mauricio Duarte debutó con el Cúcuta Deportivo en el 2011. Foto: VizzorImage / Juan Pablo Bayona

Desde niño, Mauricio tuvo claro que el fútbol era su camino. “Toda la vida jugué para el Cúcuta Deportivo”, cuenta con orgullo, recordando sus inicios en las humildes escuelas de formación como Centrales Eléctricas, Club Deportivo Aniversario y Villa del Rosario. Pero si hay alguien a quien le debe cada paso dado en el fútbol, es a su padre. “Él fue el eje fundamental en toda mi formación técnica”, afirma, con gratitud en cada palabra.

No fue un camino fácil. Su padre, Fabio Duarte, también soñó con ser futbolista, pero la realidad económica de su juventud lo limitó a jugar en reservas, sin llegar al profesionalismo. Aun así, transmitió su conocimiento a Mauricio. “Me enseñó a parar un balón, cómo pegarle a los tiros libres”, recuerda con emoción. Desde pequeño, Duarte tuvo que demostrar su talento en cada etapa. Selecciones departamentales, Norte de Santander, divisiones menores del Cúcuta. “Yo ya era conocido, pero había filtros, pruebas, procesos”, explica. Y él pasó cada uno de ellos, con dedicación y perseverancia.

El lateral zurdo que hoy defiende los colores de su equipo nació para esa posición. Aunque en sus inicios alternó entre volante y lateral, con el tiempo encontró su identidad en la banda. “Siempre amé mi posición. Es difícil, pero supe aprovechar mis cualidades”, afirma con determinación. Y así fue como, tras años de esfuerzo, llegó el momento que todo futbolista espera: el debut.

Era el año 2011. Duarte tenía 19 años cuando el técnico Jaime De La Pava le dio la oportunidad. “Me empieza a llevar al banco, ya eso era un logro para mí”, recuerda. Pero faltaban dos semanas para un partido importante, y el entrenador le dijo: “Mauricio, ¿está listo para jugar?” Duarte no lo podía creer. “Sí, profe”, respondió, sin imaginar que aquel día marcaría el inicio de su camino en el fútbol profesional.

Hoy, Mauricio Duarte es más que un futbolista. Es el reflejo de todos los niños cucuteños que sueñan con vestir la camiseta rojinegra. Su historia no solo es un relato de fútbol, sino de sacrificio, constancia y amor por el deporte.

EL FUTBOLISTA: ¿Qué recuerda de ese partido del debut?
Mauricio Duarte: Bueno, me emocioné mucho. Cuando el profe me dijo que me preparara para jugar, no lo podía creer. Al principio fui incrédulo, pero cuando vi mi nombre en la lista de viajeros y que era el único lateral izquierdo convocado, supe que era mi oportunidad. Normalmente, cuando me citaban, también iba el otro titular, que en ese momento era Luis Núñez, quien había sido selección Colombia. En su momento también compartí con Francisco Delgado, ‘La Chaza’ García y otros grandes laterales, jugadores con mucha experiencia. Yo veía difícil jugar en esa posición, pero finalmente se me presentó la oportunidad.

Me dijeron que iba a debutar contra Chicó, el equipo del profesor Alberto Gamero, un equipo fuerte. Recuerdo tanto que tuve que enfrentar por la banda a Elvis Perlaza. Mi debut fue el 27 de noviembre de 2011, empatamos 1-1. Es uno de los recuerdos más bonitos que tengo. Decirles a mi papá y a mi mamá que iba a jugar por primera vez fue algo muy especial. En esa época no siempre televisaban los partidos, así que mi papá pasó todo el día pegado al radio. Es una de las cosas más bonitas que guardo en mi cabeza, en mi corazón, y siempre la recuerdo con mucha emoción.

Es una afición muy sufrida, ¿no? Un equipo histórico, con una hinchada enorme que siempre ha querido verlo en la A.
Sí, la verdad es que es una gran responsabilidad y hay una presión fuerte, que siento que recae en mí por ser de acá y por estar siempre aquí. Por ejemplo, lo que pasó ahora, que no se pudo conseguir el ascenso… Yo estoy aquí, en mi ciudad, con mi gente, y es difícil. Cuando uno está por ahí en algún lado, surgen esas preguntas: «¿Por qué?», «¿Qué pasa?», «¿Qué pasó?». Y hablarle de esto a la gente es complicado porque todos quieren ver al equipo en la A, y yo también. Pero a veces pasan cosas que uno no logra entender.

Es una presión fuerte. No cualquiera se pone la camiseta del Cúcuta en estas circunstancias. Siempre lo he dicho: es un equipo histórico, el más importante de la B, el que tiene la gran responsabilidad. Respeto mucho a los demás equipos, respeto al Cartagena, a Jaguares, respeto a todos los clubes, pero acá el único que carga con esa responsabilidad es el Cúcuta, claro, y el que juega en contra lo sabe.

Tal vez muchos jugadores no sienten lo mismo, pero yo ya me acostumbré a que, si estoy acá, es porque tengo la responsabilidad de ayudar a mi equipo. No soy el salvador, porque no lo voy a ser, necesito de mis compañeros, pero tengo muy claro que todo el que se ponga la camiseta del Cúcuta tiene que rendir. Si no rinde, bueno, acá no es momento de procesos largos, aquí cada seis meses hay que salir campeón para lograr ascender.

En medio de esta situación, ¿ha tenido momentos en los que ha disfrutado jugar al fútbol, o siempre lo disfruta?
Siempre lo disfruto. Sé que llegará el momento en el que extrañaré esa adrenalina. Más allá de jugar un torneo amateur o una recocha, la sensación del fútbol profesional no vuelve, y por eso lo disfruto. Ahora, con 33 años, lo disfruto aún más. Me duele no conseguir los objetivos, estar aquí y no poder decirle a la gente: «Les cumplí». Pero a veces no depende solo de mí.

Lo disfruto al máximo. Vestir la camiseta del equipo, ahora que soy capitán, me llena de orgullo. Siento que tengo una responsabilidad aún mayor, pero la asumo y la disfruto. Intento reflejar eso en la cancha para mis compañeros, no para demostrarle nada a nadie, porque yo sé lo que soy como persona y como jugador. Pero mi papel es el de guiar a mis compañeros dentro de la cancha.

Ilustración de un post de Mauricio Duarte en su perfil de Instagram @maoduarte27

Ha estado en clubes que muchas veces incumplen. ¿También se volvió experto en lidiar con directivos complicados?
Cuando empecé en 2011, pasé seis meses sin cobrar mi sueldo. También había sufrido con los directivos anteriores en el Cúcuta, el tema de incumplimientos fue difícil. Yo era un niño, mis papás me ayudaban, pero siempre afectaba. Jugar en estos equipos es complejo a veces, pero uno aprende a manejarlo.

Me pasó en Pasto, un equipo querido por la gente, pero hubo complicaciones con el tema de pagos. Ya sabía que en algún momento tenían que cumplir o llegar a un arreglo, así que yo solo me dedicaba a jugar.

¿Y cómo fue la experiencia en Argentina con Defensa y Justicia?
Estuve año y medio y fue de las mejores experiencias futbolísticas que he vivido. En Argentina el fútbol se vive de una manera totalmente diferente, es una gran escuela. Creo que cualquiera que quiera formar jugadores o manejar un equipo profesional debería darse una vuelta por Argentina, desde los clubes más humildes hasta los más grandes, para entender su organización y por qué compiten al más alto nivel.

Me cambió la vida. Llegué con 28 años, ya maduro, y cuando vi las instalaciones me sorprendí: un campo de entrenamiento grande, tres canchas, gimnasio, alimentación completa—desayuno, almuerzo, proteínas, frutas, merienda—todo, todo. Es impresionante cómo viven el fútbol y eso me ayudó a mejorar como jugador. En Colombia, pocos equipos tienen algo así, quizás los más grandes. Y estamos hablando de Defensa y Justicia, no de Boca ni River. También tuve la oportunidad de estar en Central Córdoba por seis meses.

¿Le tocó pasar allá lo más duro de la pandemia? ¿Cómo lo vivió?
Sí, nos tocó la pandemia y me sorprendió cómo la manejaron. En vez de bajarme el sueldo, me lo mantuvieron y nos dijeron que íbamos a seguir entrenando, que teníamos que estar bien. El técnico era Hernán Crespo, y me llamaba para ver cómo estaba. Fueron detalles que me sorprendieron mucho.

¿Qué tal la experiencia con Crespo como entrenador?
Como persona, una gran persona, nivel top. Y como entrenador, mucho mejor. Todo lo que hacíamos estaba basado en su experiencia en Europa, y todo salía como lo planeaba. Los entrenamientos eran muy completos: reducidos, trabajo de ruta de pases, salidas, defensivo. Muy buen técnico, una persona que sabe mucho y de la que aprendí muchas cosas.

¿Qué le falta a nuestro fútbol para acercarse a lo que tienen los argentinos, por ejemplo?
Siempre he dicho que nuestro fútbol tiene una riqueza técnica envidiable: somos técnicamente muy buenos, rápidos. Pero lo que hay que cambiar es la mentalidad de los clubes en cuanto a inversión. Aquí se ve el fútbol como un negocio, pero no quieren meterle dinero al negocio, y si no se invierte, no hay frutos.

El mejor ejemplo es lo de River, que vendió a Mastantuono por más de 40 millones de dólares. Ganan mucho dinero, pero para llegar ahí tuvieron que invertir en él y en toda la estructura de divisiones menores. También hay que invertir en infraestructura, mejorar las canchas de entrenamiento, la alimentación, darle todas las comodidades al futbolista. Al final, todo eso es lo que hace que puedas competir a un alto nivel.

¿Qué opina de que no haya descenso en la B?
Sería muy importante que existiera una tercera división en Colombia. Eso permitiría que nuevos empresarios inviertan en equipos, porque hay mucha gente con dinero en el país que quisiera tener un club, pero el círculo es muy cerrado. Comenzando en una tercera división, podrían surgir nuevas oportunidades.

También sería muy bueno para los futbolistas, porque muchos quedan sin equipo. La tercera división haría que la B fuera más competitiva y que salieran más y mejores jugadores.

¿Qué opina del trabajo de ACOLFUTPRO por los futbolistas?
Desde que empecé como profesional en 2011 me afilié y ha significado un cambio importante para todos nosotros. Recuerdo muy bien cuando nos debían seis meses de sueldo y comenzaron los problemas contractuales. Algunos compañeros decidieron irse, otros aguantaron. En ese momento, ACOLFUTPRO fue clave.

Hoy en día, gracias a su trabajo, todos los equipos deben cumplir con sus obligaciones. A mí me cumplieron, con cierta presión, pero lo hicieron. ACOLFUTPRO siempre ha estado de la mano con nosotros, preguntando sobre pagos de sueldos, primas, prestaciones, si estamos al día en salud. Además, me asesoraron una vez que iba a salir del Cúcuta.

Creo que ACOLFUTPRO está muy fuerte y ha ganado peso en el fútbol colombiano. Ha sido fundamental para nosotros, los jugadores, y es clave que sigamos respaldándolo, porque a veces falta más compromiso de los futbolistas para apoyar a la agremiación.

¿Qué mensaje enviaría a los futbolistas, especialmente a los jóvenes que no vivieron situaciones complicadas como las que usted enfrentó?
La invitación es a que sigamos unidos, todos los agremiados, todos los futbolistas, junto con quienes trabajan en ACOLFUTPRO. Muchos no vivieron lo que yo pasé: seis meses sin cobrar. Hoy en día, gracias a ACOLFUTPRO y a muchos compañeros y exjugadores que alzaron su voz, eso ya no sucede.

Hay que seguir trabajando para mejorar nuestras condiciones y garantizar un trabajo digno para todos los futbolistas.

Hasta ahora cumplió 33 años, ¿ya empieza a visualizar su vida después del fútbol?
Sí, me gustaría seguir ligado al fútbol. No sé si dentro de una cancha o administrativamente, porque ambas áreas me gustan. Lo iré pensando cuando el momento se acerque más, pero quiero seguir en este mundo. Me interesa mucho la parte organizacional, sobre todo después de la experiencia que viví en Argentina, que me marcó mucho.

Voy a ir paso a paso, pensando y estudiando, porque también hay que prepararse bien.

Imagino que el sueño es ascender al Cúcuta…
Sí, es algo que sueño desde el fondo de mi corazón. La gente necesita ver a su equipo en la A, lo extrañan, lo quieren de vuelta, y sé que el fútbol colombiano también echa de menos una hinchada como la del Cúcuta. Aquí seguimos, falta un semestre y vamos a estar luchando para lograrlo.

EL FUTBOLISTA

Lea la edición N.º 31, cargada de contenido de alto valor para futbolistas y para todos los amantes de este deporte.