Referentes | Carmelo Valencia

Referentes | Carmelo Valencia

“La fama y el dinero pasan, pero el reconocimiento de la gente es para siempre”

El sueño de ser un futbolista profesional le surgió a Carmelo Valencia en la adolescencia, cuando dejó su casa en Tutunendo, Chocó y llegó a Medellín donde descubrió su talento. Recuerda como si fuera ayer el día de su debut, con gol, con el Atlético Nacional y se siente orgulloso de mantenerse vigente tras 19 años de carrera. Destaca que la disciplina es la clave para mantenerse en buena forma a sus 38 años y reconoce que lo mejor que le dio el fútbol fue permitirle conocer a su esposa. Este es Carmelo Valencia, un referente para los futbolistas profesionales de Colombia.

Vea la entrevista a Carmelo Valencia en EL FUTBOLISTA

Uno de los primeros logros de Carmelo Valencia al asomar en el fútbol profesional fue dar a conocer a Tutunendo, una pequeña población del Chocó, a 14 kilómetros de Quibdó, famosa por ser la segunda región más lluviosa del mundo y por sus ríos de aguas cristalinas. “Yo nací en Quibdó, pero mis padres, Carmelo Valencia y Carmen Chaverra, sí son de Tutunendo. Cuando tenía 5 años de edad nos fuimos a vivir allí y así empezó mi vida en mi pueblo, porque yo me considero tutunendeño”, relata con orgullo Carmelo y recuerda que luego de su debut, cuando le preguntaban de dónde era, todos pensaban que era una broma: “Nadie sabía dónde quedaba mi pueblo, no sabían ni que existía”.

Carmelo reconoce que el fútbol solo era una diversión, igual que el baloncesto o ir a nadar al río con sus primos y que ser profesional de este deporte nunca estuvo en sus planes durante la infancia. Incluso cuando empezaba su bachillerato comenzó a tomarle gusto a la biología, por la influencia de un vecino biólogo que tenía un criadero de peces.

Además, a Carmelo le gustaba mucho trabajar y por eso, junto a su padre, aprendió desde pequeño a coser zapatos, a cortar el cabello y a restaurar libros viejos en las bibliotecas. “El fútbol no era una opción para mí”, dice Carmelo.

El viaje a Medellín

Carmelo solo tenía 15 años cuando vivió una situación que, al final se puede decir, fue la que marcó su camino hacia el fútbol: corrían los primeros meses del año 2000 cuando su padre se atrasó en el pago de la mensualidad del colegio por lo que a Carmelo no le permitieron estudiar más allí. Fue entonces cuando le pidió a su papá que lo dejara viajar a Medellín, a visitar a su hermana, quien vivía en el barrio Enciso.

La capital antioqueña impresionó mucho a un Carmelo muy joven que tuvo que adaptarse a una ciudad enorme en la que chocó de frente con problemáticas sociales muy fuertes como las luchas entre pandillas y la drogadicción. “Afortunadamente yo tenía unas bases muy sólidas por la formación que recibí en mi casa y estaba tranquilo de que no me iba a inclinar por malas cosas”, dice Carmelo, quien recuerda que fue en la capital de la montaña donde empezó a ilusionarse con la idea de ser futbolista.

“Vivíamos cerca de una cancha llamada ‘La Ladera’ y en el barrio todos me decían: ‘Niche’ por qué no va a probarse allá, hable con un señor que se llama Gustavo y él lo deja probar”, relata Carmelo. “Yo le iba cogiendo cariño al fútbol y comencé a verlo como una opción de trabajo. Empecé a cuestionarme si tenía condiciones para lograrlo”, explica.

Y es que eran muchos los que al verlo jugar le recomendaban ir a un club a probarse, como un vecino que le aconsejó que fuera a buscar una oportunidad en el Atlético Nacional.

Esperando la llamada

Carmelo siguió el consejo de un vecino y así relata el episodio de la primera prueba que presentó en el club verdolaga:

“Yo tuve que ir solo. Cogí un bus y le pedí al conductor que me avisara cuando llegara a las canchas de La Floresta, que era donde entrenaba Nacional. Llegué y ahí estaba el profesor Luis Fernando Montoya. Hablé con él y me dio la oportunidad de hacer la prueba. Me acuerdo que yo hacía una jugada y lo miraba a ver si me estaba mirando; hacía otra jugada y lo miraba de nuevo. Hasta que el profe me gritó: -No me mire, que yo lo estoy observando, juegue tranquilo- me decía. Yo seguí, seguí y cuando terminó la práctica él me dijo que le dejara mi número, que me llamaban. ¡Todavía estoy esperando la llamada (risas) Nunca me llamaron! Pues yo dije: bueno, aquí no fue”

Ese primer tropiezo no desanimó a Carmelo quien buscó otras posibilidades para mostrar su talento: sin embargo, tampoco tuvo suerte al probarse en el Medellín y en el Envigado. “No me dejaron, entonces yo dije: ¿será que esto sí es lo mío?”, recuerda Carmelo.

Finalmente Carmelo se dedicó a entrenar con mucha dedicación con el equipo del barrio Enciso, en la cancha de arenilla de la ladera, bajo la dirección de Gustavo Castrillón. “Allí el profesor Gustavo me vio la velocidad, las ganas de trabajar en equipo y eso le gustó mucho. Nunca falté a un entrenamiento, siempre tuve disciplina y creo que eso fue lo que me ayudó a construir mi carrera”.

Ferroválvulas fue su plataforma

El buen desempeño de Camerlo con el equipo del barrio Enciso, le sirvió para que Alberto Hurtado, dueño del club Ferroválvulas, se fijara en él. En el 2001 anotó 42 goles y en el 2002 se consagró con ese club con el que ganó el título de la categoría Primera A de la liga antioqueña, imponiéndose al Atlético Nacional.

“No fue fácil, tenía muchos jugadores por delante, pero con trabajo y el apoyo de los profesores Álvaro Ríos y de Jorge Zapata a quien le tengo un agradecimiento gigante, todo salió muy bien. Todos ayudaron a mi adaptación a mi desarrollo como deportista y como persona”, enfatizó.

Durante esa etapa el delantero de Tutunendo tuvo que vivir en la casa de un tío, en la Comuna 13, algo que, según el mismo Valencia, le sirvió para madurar. “Era un ambiente muy pesado, a veces me levantaba a entrenar y me tenía que acostar otra vez porque había balaceras y cuando podía salir y regresaba del entrenamiento encontraba personas muertas. Fue duro. Esas cosas me maduraron, me ayudaron a tener más disciplina pues yo vengo de un pueblo donde uno nunca escuchaba un tiro, donde no se veían problemas de drogas… Le tenía miedo y respeto a esa situación y me mantenía en mi casa siempre, eso me sirvió para fortalecerme… Además, viviendo allá tenía que atravesar la ciudad para ir a entrenar, entonces me iba en bicicleta y eso me ayudaba a desarrollar mi parte física”, subrayó Carmelo.

La llamada de año nuevo

Relata Carmelo que en diciembre del 2002 se fue a pasar las fiestas navideñas y de fin de año en Tutunendo y que debía regresar a entrenar con Ferroválvulas el 6 de enero. Sin embargo, el año nuevo llegó para él con una llamada inesperada: “Fue el 2 de enero. Me llamó don Alberto Hurtado, dueño de Atlético Nacional y me dijo que viajara ese mismo día porque al día siguiente tenía pruebas con Nacional, que me querían ver”. Carmelo tuvo que tomar el primer bus que encontró.

“El viaje desde mi pueblo a Medellín es de 14 horas. Me tocó irme de pie y por me sentaba en el piso de vez en cuando… Al día siguiente llegué a las pruebas, estaba con otros tres jugadores y solo pasé yo”, precisó.

Se cumplió el sueño y arrancó su carrera

Carmelo revive así su llegada al Atlético Nacional y el rápido ascenso que tuvo desde las divisiones menores hasta llegar al equipo profesional, con en el que debutó el 27 de julio de 2003:

“Recuerdo que cuando llegué a Nacional Humberto Sierra, era el director de las divisiones menores y Jimmy Arango era mi técnico. Ahí me destaqué bastante. El técnico del primer equipo era Alexis García y él me vio y me acercó al equipo profesional con el que tuve la oportunidad de entrenar, pero no pude debutar. Alexis salió y llegó Juan José Peláez y él fue quien me dio la oportunidad de debutar. No lo podía creer, ni en mi casa ni en el pueblo sabían nada. Fue un partido contra el Deportivo Pasto. Fue una cosa impresionante”.

“Me convocaron, pero yo no tenía guayos para debutar… Afortunadamente siempre le he caído bien a la gente, porque me entreno bien, soy amable respetuoso y humilde y me tenían cariño. Entonces Edixon Perea me prestó unos Puma King, eran de cuero, pesaban mucho, pero eran muy buenos guayos”.

Debut con gol

“Íbamos ganando 2-0 con dos goles de Javier Arizala. El profe me metió por Héctor Hurtado a los 31 minutos del segundo tiempo. Estaba nervioso, las piernas me pesaban. En el último minuto llega un centro pasado al segundo palo, Juan Guillermo Ricaurte la bajó y me la dejó ahí. Yo entro y meto el gol. Yo recuerdo que corría, corría y corría y de pronto caí al suelo. Recuerdo que el médico Upegui me abría los ojos y me hacía conteo para ver si estaba bien. Era la felicidad que me había invadido. Estaba muy feliz, mi familia estuvo muy feliz”.

EL FUTBOLISTA:  Carmelo, ¿cuál fue la clave en ese comienzo tan luchado, tan trabajado que tuvo en el fútbol?

Carmelo Valencia: Yo tuve un comienzo de carrera muy solitario, porque nunca tuve el acompañamiento con mis papás, o hermanos, primos, tíos. Por eso se lo agradezco mucho a todas las personas que me recibieron y me ayudaron en Medellín, donde llegué con 15 años y tuve que forjarme solo… Muchos de mi pueblo han llegado, con mucho talento y al llegar a Medellín y tristemente se pierden por el tema de la rumba. No era fácil, le agradezco mucho a mis padres, a mis hermanos y a la gente que tuve a mi alrededor, a mis amigos que me aconsejaron de la mejor manera. No fue fácil, pero valió la pena. Esos fueron mis inicios. Es una historia bonita porque está claro que cuando uno quiere y se lo propone, puede lograr lo que uno desea.

¿Que ha sido lo mejor que le ha dado el fútbol?

Una de las cosas más satisfactorias fue que me unió con mi esposa. Ella es cartagenera, yo chocoano y creo que si no hubiese sido por el fútbol había sido imposible que la hubiera conocido. Nos conocimos cuando jugué en el Real Cartagena y ya vamos para 18 años juntos, tenemos tres niñas. Gracias a eso tenemos una linda familia.

De otro lado, creo que los goles y los títulos, que han sido pocos, son algo muy bonito, pero todo eso pasa. Creo que las cosas más importantes son el cariño y el respeto que la gente me ha brindado. Toda la fama, dinero, títulos, eso pasa, pero el reconocimiento y el respeto de la gente, creo que eso nunca pasa, eso es para siempre.

¿Qué ha sido lo más complicado que ha enfrentado en estos años de carrera?

En el fútbol como tal, diría que nada, porque yo siempre veo todo de buena forma. Yo nunca veo las cosas difíciles y creo que todos los problemas tienen solución y si no tienen solución pues no hay problema. En el fútbol casi todo lo disfruto.

Sí he tenido varios retos de vida: por ejemplo cuando mi hija nació tuvo problemas del corazón, eso fue una época muy difícil para mí y a mi esposa le dio preeclampsia, fue algo duro, muy fuerte.

Otro fue un problema en la vista que tuve, un glaucoma, pero por suerte no perdí el ojo, aunque estuve muy cerca de perderlo. Eso fue cuando estuve en Atlético Nacional, comenzando mi carrera.

¿Cómo fue su paso por el fútbol de Corea?

En Corea, fue muy difícil cuando llegué, en el 2010. Era mi primera experiencia a nivel internacional y llegué en invierno, era un frío horrible, había nevado allí, en Ulsan. Eran 14 horas de diferencia con Colombia, creo que nunca me adapté al horario. La  comida, los primeros días, muy difícil: era muy picante, el arroz sin sal, por ejemplo. A mí me gusta mucho adaptarme a las situaciones entonces me dije: si llegué a Corea, pues tengo que adaptarme a los coreanos, adaptarme a su cultura y lo que no me guste pues no le paro bolas, pero no me voy a indisponer. Trate de pasarla chévere, pasarla bien.

Después se fue a jugar a China…

Sí, y aunque son dos países muy diferentes, hay algunas similitudes. Cuando llegué a China sentí que ya había vivido allí. Allí me dirigió (Alexandre) Guimaraes, fue mi primer técnico en China y cuando llegué me dijo: “Me han hablado muy bien de ti, espero no defraudes a los que te han recomendado”. Y no lo hice porque fui el goleador del equipo, hicimos una gran campaña con Guimaraes en China.

En Corea estuve un año y en China, cuatro, así que me adapté más, creo que porque ya tenía 28 años. En general me gustó mucho la experiencia, hice muy buenas amistades que todavía conservo. Fue una experiencia bonita.

¿Cuál ha sido la clave para mantenerse en muy buena forma a sus 38 años?

Lo primero es la disciplina, el trabajo, uno siempre tiene que prepararse bien, esto no es de ahora. Yo me acostumbré desde que comencé mi carrera, a siempre prepararme bien. Si hubiera empezado a pensar en prepararme bien después de 25 años, seguramente el cuerpo ya no me iba a responder. Desde que estaba en Ferroválvulas, en divisiones menores de Nacional, siempre me gustaba mantenerme fuerte. Si tenía que quedarme más tiempo en el entrenamiento haciendo más trabajos, lo hacía. El descanso, la alimentación, tener una vida dedicada de lleno al fútbol, porque eso después el fútbol te lo retribuye. Eso es lo que me ha permitido que hoy, a mis 38 años, corriendo para mis 39, todavía esté vigente en el fútbol y la verdad es que todavía me siento muy bien físicamente.

¿De los técnicos que lo han dirigido cuál recuerda especialmente?

Me han marcado varios: Juan José Peláez, que fue mi primer técnico como profesional y me marcó porque fue el primero que confió en mi para ponerme a debutar. Me soltó, me dio confianza. El profesor Quintabani, también me marcó mucho porque con él fue que yo ‘exploté’ en Atlético Nacional y logramos ser campeones en el 2007. Me tocaba pelear puesto con Aristizábal, con Galván Rey, con Óscar Echeverri y él en un momento me ponía por encima de todos ellos.

El profe Alexis García, me parece que es un tipo bastante sabio, en La Equidad pude hacer un año muy bonito con él después de venir de Argentina, donde estuve lesionado, allí me ayudaron mucho para mi recuperación, todo el cuerpo médico. También tengo que mencionar al profesor Sanguinetti, en Cúcuta; el profesor Luis Fernando Suárez, me le quito el sombrero: muy inteligente, tranquilo y gran persona.

Cierro con el profe Comesaña porque es el técnico que toma el reto o el riesgo de presentar un jugador de 35 años al Junior y que las directivas te lo aprueben. La verdad es que es de mis últimos papás en el fútbol. Con él siempre estaré agradecido. Él se va y vuelve al Junior y yo sigo acá, entonces algo bueno se ha hecho para permanecer en esta gran institución.

¿Cómo ha sido su paso por Junior?

Es seguir dándolo todo, entregarlo todo, seguir soñando con esta institución que para todo lo que nos da, es muy poco lo que le hemos dado. Creo que tenemos que darle más, es una institución que merece más, por todas las garantías que nos da y espero, con la ayuda de Jesucristo, espero obtener un título porque no me quiero ir sin ganar nada con Junior.

¿Qué opina de lo que ha logrado ACOLFUTPRO en estos años que coinciden con su tiempo de carrera en el fútbol?

Hay muchas cosas que han mejorado. Recuerdo cuando jugué en Millonarios, para esa época no nos pagaban seguridad social, se retrasaban tres o cuatro meses en los salarios, eso hoy en día no se ve. Muchos jugadores tenían contrato a término indefinido y terminaba siendo un esclavo, porque obedeces todo, sin poder tomar decisiones sobre tu trabajo. A muchos los paraban, los vetaban y eso no se ve tanto. Eso ha cambiado y obviamente han sido por la ayuda de la agremiación.

¿Qué consejo les daría a sus colegas para tener una larga trayectoria?

Lo primero es el comportamiento fuera de la cancha, porque como uno se comporta afuera se comporta adentro, pienso yo. Hay que tener disciplina, sin eso no hay nada. Lo segundo, tener humildad. Tercero, el respeto que deben tener los jugadores juveniles hacia los mayores, porque eso se perdió totalmente. Cuando yo estaba buscando la oportunidad de jugar, fui a probar en el Medellín y me iban a llevar en el bus del equipo profesional, pero no me podía subir hasta que todos los del plantel hubieran subido; hoy en día, por ahí uno se sube al bus y ya están los chicos sentados. Se ha perdido ese respeto y eso debería cambiar, porque los jóvenes tienen que aprender a hablar cuando tienen que hablar, a aprender de lo que hacen los mayores, para eso nosotros debemos dar buen ejemplo para guiarlos. Disciplina, respeto hacia sus compañeros, hacia los técnicos, prepararse bien, soñar, creer, tener hambre, nunca perder ese corazón amateur.

¿Le quedó una espinita con la selección Colombia?

En la selección Colombia tuve la oportunidad con el profesor Pinto. Que a uno lo llamen a una selección no es fácil, porque hay muy buenos jugadores. Me cogió en una etapa de inmadurez en mi vida, porque cuando tuve la oportunidad no le di el valor que merecía, o de pronto no estaba preparado para ese reto, porque tenía 23 años en ese momento, eso fue en el 2007. No asimilé todo lo que estaba viviendo y hoy en día me doy cuenta que fue una oportunidad grandísima. Creo que no estaba preparado para esa oportunidad, pero estoy feliz porque tuve el orgullo de vestir la camiseta de la selección de mi país.

¿Ya tiene claro qué va a hacer después de su retiro como futbolista activo?

En el fútbol voy a estar, pero de ladito. Tengo varios temas ahí, me gusta el tema de los restaurantes, me gusta el tema de la compra y venta de autos. Hay muchas cosas para hacer, la verdad es que tampoco tengo prisa. También quiero disfrutar de mi familia, tengo tres niñas que son mi vida entera, quiero disfrutar mucho de ellas. Algo haremos, no me voy a quedar quieto.

Hoja de vida de Carmelo Valencia

Nacimiento: Quibdó, Chocó – 13 de julio de 1984
Posición: delantero
Club actual: Junior F.C. (desde el 2020)
Debut como profesional: 2003, con Atlético Nacional.

Clubes en Colombia:
Atlético Nacional (2003-04, 2006-08), Real Cartagena (2005), Deportivo Pasto (2005), Millonarios (2009), La Equidad (2012, 2017), América de Cali (2018), Santa Fe (2018-19), Cúcuta Deportivo (2019), Junior (2020-22).

Clubes en el exterior:
Ulsan Hyundai (KOR) (2010), Newell’s Old Boys (ARG) (2011-12), Tianjin Teda (CHN) (2013-14), Beijing Baxi (2015-16),

Palmarés:

Dos títulos de liga con Atlético Nacional (2007-I y 2007-II) y un título de Superliga con Junior (2020).

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